12/5/09

Parte XI

Para quienes se pregunten a que refiero con aquello de “no elección”, hablo de distintos grados, o mejor, cualidades de energía. Una “elección” es la decodificación en acción de un impulso eléctrico o de energía (pensamiento). La “no elección”, es una de las maneras de concebir o definir a aquellas otras cualidades de energía que no participan en la motivación de una elección.
En lo particular, así como ustedes, tampoco creo en la utilización de dicotomías, tales como positivo-negativo, para la descripción y/o comprensión de determinados fenómenos. Ya que estas, solo existen en un determinado plano (elemental) de nuestra comprensión de la realidad. Realidad, en la cual solo existe energía. Energía y conductividad, sin ningún otro tipo de categorización, aún para el caso de fuerzas opuestas que tienden al equilibrio.
Como vemos, no existe aquello de energía de carácter negativo o positivo, más que a través de una determinada perspectiva, o en función de una determinada finalidad de orden práctico. Así como tampoco, acciones negativas o positivas, las cuales se encuentran intrínsicamente relacionadas al marco o contexto en el cual se desarrollen. Como para comprenderlo: Un hombre que dispara un arma dentro de un polígono de tiro, no esta realizando acción negativa alguna. Pero, el mismo hombre con la misma arma, disparando el mismo proyectil dentro de un aula de una facultad con 40 personas a su alrededor, sin ningún lugar a dudas, transforma esta acción en negativa. Ahora, el mismo hombre, ejecutando la misma acción, rodeado por la misma cantidad de seres humanos, pero, en el contexto de una de las tantas dicotomías que conducen a la aceptación del concepto de “enemigo” para la resolución de nuestros conflictos, en tiempo de guerra dispara su arma detrás de las líneas del eventual enemigo, y es un héroe. De no comprenderlo, remitámonos a ejemplos concretos de nuestra historia. La cual nos demuestra con cual facilidad seguimos aún “culturalmente” aceptando la suspensión de nuestros valores humanos, cuando esta suspensión encuentra amparo en el marco de un esquema jurídico. Valores y leyes, que nos hacen comprender como inaceptable, aborrecible, negativa y punible, la acción de quitar la vida, salvo caso de legítima defensa, pero no así, la de la internalización del concepto “enemigo” como resolución, o salida a un conflicto. De no comprenderlo aún, remitámonos a Hiroshima o Nagasaki. Con su inmensa mayoría de víctimas civiles, niños, mujeres embarazadas, ancianos, muertos por miles al amparo del concepto “enemigo”.
Dicen, quienes han realizados trascendentales trabajos al respecto, y por supuesto comparto, que la raíz primogénita de todo conflicto, aún, y sobre manera, los que nos empujan a proyectar en el otro aquello que hemos conceptualizado como el enemigo, nos es más que nuestro propio miedo a la muerte. Por esto, en este mar en el cual en verdad tantas veces naufragamos, podríamos nosotros pensar que el único enemigo cierto de la vida, podría llegar a ser entonces la muerte. Pero esto no es así, porque la vida, como sabemos, es energía. Y no existe nada parecido a la “no energía” o la “anti energía”. Por tanto, la muerte no existe más que como concepto. Ya que la vida es energía, y como tal, no desaparece, sino que muta, se transforma, continúa.
La vida no es una más de nuestras posesiones, por lo cual no desaparece junto con nosotros ni podemos legarla. Y deberemos entender, además, que tampoco somos esa suerte de receptáculo estanco que la contiene, y creemos ser. Puesto que la vida, no esta “en nosotros” sino que la vida es “a través nuestro”.