20/5/09

Parte I

Un concepto, unidad cognitiva de significado, no es más que la interpretación o decodificación de algo ya existente.
La libertad, además de un concepto, es un don innato inherente a nuestra condición como seres humanos.
La palabra libertad, es una expresión utilizada por todos aquellos que compartimos el idioma castellano que muy bien podría significarnos cualquier otra cosa, pero el concepto abarcado o comprendido por ella, no.
Sin importar cuál idioma se utilice, lo esencial en un concepto a transmitir no varía.
El concepto comprendido por la palabra “elección”, es el primero de los pasos a través de los cuales, aquello inherente a nuestra condición que hemos decodificado a través del concepto libertad, ingresa a nuestra realidad concreta, siéndonos entonces posible comprenderla como tal.
Ambos conceptos se encuentran intrínsicamente relacionados.
Sin libertad, sería imposible la existencia del concepto elección.
Sin elección, jamás sabríamos de qué trata aquel concepto al cual hemos denominado libertad.
Cuando condicionamos nuestras posibilidades a "optar", mutilamos nuestra libertad.
Y la libertad es una condición sine qua non relativa al Ser, indispensable para comprendernos (y realizarnos) a nosotros mismos como seres humanos.
Dentro del concepto “elección”, nuestra libertad comprende una alternativa que bien podríamos denominar como “no elección”, como acción, parte indispensable y fundamento primordial del mismo.
Ahora bien, a qué referimos entonces cuando utilizamos la palabra “elección”.
Qué significa exactamente ese concepto hoy para nosotros.
Básicamente, nos debería significar el tener la posibilidad de optar, ante todo, entre dos alternativas elementales y/o fundamentales básicas como lo son la del o la del No.
Ya que, considerando que el concepto libertad es el motor de toda elección y sin este concepto el concepto elección nos sería incomprensible, siempre tendremos la posibilidad (libertad) de elegir “uno” entre "varios" caminos o alternativas, o "no optar" por ninguno o ninguna si es que esto nos parece lo correcto o no sentimos motivación para hacerlo. Eso es libertad.
En las democracias, durante los comicios electorales se eligen representantes.
En las “elecciones” como comúnmente solemos decir y decimos con propiedad, algunos integrantes de nuestra sociedad se exponen a nuestra consideración para ser electos por nosotros para desempeñar esa función. Y, una vez elegidos, representarnos ante los demás integrantes de esta u otras sociedades en nuestro nombre.
En las sociedades, quizás con un nivel de madurez distinto al nuestro, los comicios electorales suelen ser libres.
Esto quiere decir que los ciudadanos tienen la libertad de presentarse como electores a elegir mediante sufragio a quienes creen en condiciones de representarlos, si es que están de acuerdo con ello, o no hacerlo si es que esa es su voluntad.
Esto sucede de este modo, porque de no contemplarse a la “no elección” como parte, componente elemental y fundamento de la acción con la cual nos compenetramos con la integridad de nuestro ser (libertad), estaríamos, al condicionar ese primer paso que la libertad debe dar para ingresar y conformarse como núcleo esencial de nuestra realidad individual y colectiva, coaccionando sobre la misma.
Mutilando de esta manera nuestras posibilidades a un desarrollo pleno en este sentido.
Y debemos aceptar que dentro del concepto elección, nuestra libertad comprende esa alternativa que podríamos denominar “no elección” como acción, parte y fundamento.
Y la “libertad” es una condición sine qua non relativa al ser, indispensable para comprendernos y realizarnos como tales.
Restringir esta posibilidad durante una elección, es mutilar parte de nuestra libertad, la cual es un don innato inherente al ser.
Mutilarla, es mutilarnos.