La libertad y el individuo son el “alma” de todo Derecho, y estos la columna vertebral de toda Constitución, y estas, los pilares sobre los cuales se erige toda Democracia.
En libertad, toda elección comienza indefectiblemente con la opción entre dos alternativas básicas elementales como lo son la del Sí o la del No.
Como sabemos, en nuestro país no existe dicha alternativa.
Nosotros hemos autocondicionado nuestra libertad al restringir deliberadamente nuestras posibilidades al momento de la opción.
Al obligarnos, por Ley o mediante ella, a emitir nuestro voto aunque no estuviéramos de acuerdo en ello o no nos sintiéramos representados por ninguno de aquellos conciudadanos expuestos a nuestra consideración para tal fin, hemos mutilado una parte vital de nuestra integridad.
No estaría para nada mal el comprender que, la continuidad histórica y fundamentalmente el desarrollo alcanzado por aquellas democracias que sí consideran esta posibilidad, en bastísimos órdenes, es sin dudas muy diferente al nuestro.
Con lo cual, entre otros tantos factores a considerarse como posibles para una comprensión más acabada de las diferencias en el desarrollo alcanzado por estas, deberíamos contemplar “a la protección de la libertad en sus estamentos más elementales”, como raíz conceptual generadora y potenciadora de dichos logros.
Por supuesto, no deberíamos desconocer que, muy probablemente y quizás por la suma de tanto estos como otros muy diferentes factores, nuestra sociedad no ha logrado alcanzar aún (o no encuentra todavía) el nivel mínimo indispensable de madurez como para darnos la posibilidad de ejercer en plenitud nuestra libertad.
De todos modos, nada nos impide el comenzar a reconciliar aquella realidad individual y colectiva con nuestra propia integridad, recuperando un mínimo de respeto hacia nosotros mismos (paso ineludible para el logro de dicha madurez) al implementar, por ejemplo, un instrumento válido (LEGAL) que nos permita expresar de manera acabada nuestra voluntad mediante el sufragio.
Una BOLETA de EXPRESIÓN CÍVICA.
Digamos, exactamente igual a cualquier otra Boleta Electoral, pero sin la participación de partido político alguno.
Una Boleta de Expresión plenamente cívica.
Que nos sirva para contemplar los casos en los que no nos sentimos representados por ninguno de los conciudadanos expuestos a nuestra consideración como postulantes a un cargo público.
Una herramienta que sintetice nuestra madurez como ciudadanos así como nuestra salud como individuos y como sociedad.