20/5/09

Parte VI

Antes de ingresar nuevamente a aquel edificio imaginario, tratemos de visualizar la situación en la que nos hemos colocado y en la cual actualmente nos encontramos. Imaginando, por ejemplo, que deseáramos comprar, o mejor, que nos fuera "imprescindible" algún tipo de abrigo para afrontar las bajas temperaturas invernales y, además, para nuestra conveniencia hubiéramos decidido que dicha prenda fuese de color azul, ya que este color combina con el de la vestimenta que debemos utilizar en nuestro lugar de trabajo.
Razón por la cual y a fin de procurárnoslo, concurrieramos a un comercio dedicado a la venta de indumentaria.
Como vemos, en este caso hemos efectuado libremente la primera acción o primer paso indispensable en toda elección y, hasta el momento, todo transcurre con normalidad.
Pero, supongamos que una vez allí, en el interior del negocio nos encontramos conque el propietario nos dice que no solo no tiene en existencia dicha prenda, sino que, además o para nuestro pesar, nos vemos obligados a comprarle una camiseta de verano en colores rojo, blanco o amarillo como única opción para poder retirarnos, impidiéndonos abandonar el local sin efectuar dicha compra, tras aducir como argumento una sospechosa inscripción conteniendo esa advertencia, ya presente en la vidriera.
Esta situación, u aberración, la cual nos resultaría inadmisible y para la cual hemos implementado ya los instrumentos válidos necesarios para protegernos. Razón por la cual, bien podríamos calificar de estafa, abuso, privación ilegítima de la libertad, etc., etc. Calificaciones estas contempladas por nuestras leyes que nos resguardan de la necesidad de considerar la alternativa de infringir o autoinfringirnos algún tipo de daño para salvaguardar la más importante de nuestras posesiones, como lo es nuestra integridad (en todos sus aspectos). Y por tanto, no nos veríamos obligados a causar algún tipo de daño a la integridad del comerciante ni a su propiedad, así como tampoco hacerlo sobre nosotros mismos, como lo sería el destruir nuestro propio dinero para que no se pudiera concretar este degradante atropello. No encuentra contraparte en el paralelismo del primer ejemplo.
Ahora sí, volvamos al edificio.
Al no haber implementado un instrumento válido que nos permita expresar acabadamente, por ejemplo, cuando “NO nos sentimos representados por ninguno de nuestros conciudadanos expuestos a nuestra consideración para tal fin”, la utilización del concepto “elección” para definir a aquella acción a concretar durante los comicios, queda gravemente comprometida por esta mutilación, podríamos decir, automáticamente inhibida al entrar en seria contradicción.
No se trataría de una “elección, por cuanto nos vemos obligados a optar por uno de los representantes aún si no nos sintiéramos representados por ninguno de ellos. Sin tener una opción (legal) para impedirlo.
Este supuesto descubrimiento, que no es tal, nos conduce al centro de la primer sala de aquel edificio (la cual por otra parte nunca hemos abandonado).
Ya que la misma, si pudiéramos contemplarla desde una perspectiva un tanto más elevada, como lo sería una vista desde un piso superior, nos mostraría que se trata de una gran sala circular, laberínticamente dividida en o por un número de habitaciones semejantes unas a otras, las cuales se encuentran a su vez comunicadas por una determinada cantidad de puertas de las cuales ninguna de ellas nos conduce al exterior o a sala contigua alguna.
Ahora, no solo nos hemos obligado, por ley, a ingresar a aquel edificio, sino que, además, al no contemplar la posibilidad de la creación de una simple puerta que nos comunique con otra área del edificio, nos hemos negado toda posibilidad de abandonar aquella primer sala. Esa es la situación en la que nos encontramos.
En este punto, deberíamos recordar que aquí tan solo hemos estado hablando acerca de la “libertad”, don innato inherente a nuestra condición como seres humanos, y sobre lo fundamental de ese primer paso que debe dar para consolidarse como núcleo esencial de nuestra realidad como individuos componentes de este conjunto social al cual hemos denominado la Nación Argentina.
Primer paso, al cual hemos llamado “elección”.