Ahora, para comprender qué nos sucede al enfrentarnos a las “listas cerradas” que en la actualidad utilizamos durante la votación, quizás deberíamos regresar a la tienda del segundo ejemplo. No sin antes recordar que durante las elecciones, al momento de elegir no somos un conjunto social, sino que somos individuos con un nombre y número de documento a solas en un cuarto al cual solo puede acceder un único ciudadano por turno. Los cuales, además, deben concurrir guiados exclusivamente por la responsabilidad de decidir en quién delegar responsabilidad. Razón esta, por la cual, durante la elección de representantes elegimos individuos, ciudadanos con identidad reconocible, y no partidos políticos. Por esto, es que en las boletas electorales no puede constar tan solo el nombre de la entidad conceptual de la cual estos emergen (partidos políticos). Ya que, de ser así, si eligiéramos partidos políticos en vez de representantes, estos partidos políticos bien podrían, de suscitarse por ejemplo una desavenencia interna, remover de su cargo a cualquier representante instituido por la voluntad del pueblo. Lo cual sería una grave afrenta (daño) a la esencia misma de nuestra Constitución, y a lo allí por nosotros dispuesto.
Regresemos a la tienda.
Imaginemos ahora que el tendero que nos ha retenido contra nuestra voluntad, además de obligarnos a comprarle una camiseta de verano, prenda que no necesitamos y por tanto no hemos requerido, agregara a la exigencia, a modo de combo o paquete cerrado, un traje de baño y un par de sandalias a la transacción. Lo cual elevaría el monto en su valor, al triple de lo que teníamos dispuesto gastar en la compra de nuestro abrigo.
Se torna inconcebible ¿No?... pero de eso se trata.
Bien, lo que nos sucede con una lista cerrada, es muy similar a lo que nos sucede durante la compra de un paquete cerrado donde nosotros no somos libres de elegir o disponer sobre los artículos que la componen. En este caso, si olvidáramos que es invierno y que nosotros necesitamos un abrigo, deberíamos agradecer al tendero, quien ha tenido el enorme gesto de permitirnos elegir “libremente” el color de la camiseta, la cual viene en rojo, blanco o amarillo.
Al no haber implementado las herramientas válidas necesarias para expresarnos acabadamente, una lista cerrada resulta ser, a nuestra libertad y a la verdadera democracia, nada menos que una estafa. Estafa legalizada, increíble contradicción, capaz de producir un daño profundo en nuestra integridad, el cual, aún, y quizás por ser precisamente las víctimas, no llegamos a evaluar en su magnitud.
Si como única o más importante condición para el fortalecimiento y sustentabilidad del sistema en el cual esta es posible, la democracia nos exige que elijamos uno, o varios, ciudadanos con identidad reconocible que nos representen, cómo es posible que no hayamos implementado entonces un simple sistema con el cual poder seleccionar individualmente, por sus nombres, a cada uno de los candidatos que hayamos seleccionado para tal fin. Siendo nosotros, como individuos componentes de ese conjunto social al cual denominamos “pueblo de la Nación Argentina”, quienes solventamos económicamente la puesta en función de dicho sistema, en este caso, dicho “error”.
Quiero decir, si en nuestra casa tenemos una pérdida de gas, y sabiéndolo, no hacemos nada al respecto, nos estamos generando un daño profundo. Porque puede matarnos.Porque aunque no muriéramos, viviríamos mal. Porque aún si no lo hiciera, el mismo consumo se vería incrementado, y esto se reflejaría en la posterior factura del suministro. Porque si un día cualquiera, nuestra cocina volara en mil pedazos, aún si siguiéramos con vida, la reconstrucción de la misma nos costaría diez veces más de lo que nos hubiera costado reparar esa falla. Y, fundamentalmente, porque quizás no vivamos solos en esa casa, y nuestros hijos, no tienen por qué verse obligados a aceptar esa inconcebiblemente irresponsable situación de riesgo en nuestras vidas, sus vidas, como si fuera algo normal.